CARLOS III
¿Qué hizo para mejorar la educación en España?
Carlos III intentó modificar la sociedad española utilizando
el poder absoluto del monarca, bajo un programa basado en el despotismo
ilustrado.
Tras expulsar a los jesuitas, realizó una reforma de la
enseñanza fundamentada en la investigación y las disciplinas científicas.
Carlos III utilizó las riquezas de los jesuitas para
beneficiar a los sectores más necesitados, y sus propiedades para crear nuevos
centros de enseñanza. En Madrid creó los Estudios de San Isidro, como un centro
moderno de enseñanza.
El gobierno debía encargarse de la educación.
Junto a su secretario
Olavide, promovió un nuevo plan de estudios en el que el Gobierno tenía que
encargarse de la enseñanza.
Con otro de sus secretarios, Campomanes, expuso laidea de
fundar en Salamanca un Real Convictorio Carolino, es decir, un colegio
universitario de modelo de nueva planta.
Todo esto,
formaba parte de un proceso muy conocido, el Despotismo Ilustrado.
Ya hacia 1770, la monarquía trata de imponer su autoridad en
todo lo referente a la educación, mientras que los intérpretes del despotismo
ilustrado aspiraban a dirigir y vigilar la enseñanza con el propósito de regenerar
el país y evitar su decadencia, a la vez que se intentaba aumentar el poder del
Estado.
JOVELLANOS
El contexto educativo al que se refiere el conde Creutz,
aunque no era tan desolador como él aquí lo manifiesta, tampoco era ni mucho
menos esperanzador.
La enseñanza primaria dependía económicamente de la caridad
de particulares, especialmente tras la expulsión de los jesuitas; además tendía
a concentrarse en las ciudades; la educación de las mujeres estaba muy
descuidada; hasta la mitad del s. XVIII no había establecimientos de enseñanza
secundaria dirigidos por el Estado y, aún después éstos estaban en manos de
cuerpos independientes y lejos de los municipios. La expulsión de los jesuitas
supuso, además un descenso del nivel educativo en el país, a pesar de que sus
propiedades confiscadas se aplicaron a la creación de nuevas escuelas. Se
estima que los jesuitas llegaron a fundar hasta 112 colegios.
Este panorama y la aparición del nuevo pensamiento ilustrado
llevaron a personalidades como Jovellanos, Pablo de Olavide, o el propio Carlos
III a proponer una serie de reformas de cara a una mejora del sistema
educativo.
En uno de sus ensayos Jovellanos escribe: ‘’lo que importa
es perfeccionar la educación y mejorar la instrucción pública: con ella no
habrá preocupación que no caiga, error que no desaparezca, mejora que no se
facilite. En conclusión: una nación nada necesita, sino el derecho de juntarse
y hablar. Si es instruida, su libertad puede ganar siempre; perder, nunca’’.
Jovellanos también pensaba que el poder político y militar
estriba en el número y la riqueza de los ciudadanos y que esta riqueza se
deriva en última instancia, de la enseñanza.
También proponía propagar las ciencias útiles y los procesos
agrícolas por medio de institutos especiales, gratuitos, públicos y
universales; para fomentar la agricultura, de vital importancia para el
crecimiento y desarrollo de la nación.
Jovellanos clamaba por la ‘’libertad, luces y auxilios’’ o
las ‘’buenas leyes, buenas luces y buenos fondos, es decir, una nación justa,
instruida y rica’’.
Sus ideales políticos, económicos y filantrópicos se
relacionan en la mente de Jovellanos con la educación por ello cree que ‘’el
bien público exige que la buena y liberal instrucción se comunique a la mayor
porción posible de ciudadanos’’ (TTP, I, 234 a.). Esto supone que no debe
reducirse la instrucción a los pocos sino hacerse asequible a ambos sexos y a
todas las clases sociales.
También proponía que la educación primaria debía ser
impartida por personas que se implicaran totalmente en educar en valores y
conocimientos a los niños por ello propone que sea el clero quien la imparta.
OLAVIDE
Vivió durante 8 años en Francia haciendo amistad con
Voltaire (quien le llamó “el español que sabe pensar”) y Diderot.
En España comenzó a planificar una reforma al modelo del
despotismo ilustrado en el comercio, los asentamientos, la defensa y promoción
de la cultura, abriendo la primera escuela de arte dramático de España y la
desposesión de privilegios, con la reorganización de algunas zonas urbanas en
la ciudad.
Tuvo muchos problemas con la inquisición, por entre otros
hechos, la llegada al puerto de Bilbao
de 29 cajas de libros franceses, con un total de 2400 volúmenes, entre los que
figuraban muchos prohibidos.
En 1766 instaló junto al Conde de Aranda el nuevo Hospicio
General y se encargó también del Hospicio de Madrid; gracias a ello dio
ocupación a más de mil personas, indistintamente de su sexo o condición.
Se le designó para llevar a cabo una de las empresas más
arriesgadas de Carlos III: colonizar con elementos extraños extensas regiones
desérticas de Sierra Morena, en el camino de Andalucía a Madrid.
Finalmente fue condenado al exilio por la inquisición y la
reclusión en un monasterio durante 8 años.